Ezequiel Pérez Juncos
Música Nueva × Gestión Cultural
Es al otro a quien le pasan las cosas; yo soy quien hace.
Me llamo Ezequiel Pérez Juncos.
Nací en Córdoba, Argentina. A los seis años tomé el chelo.
Me perdí en bandas de rock adolescentes y, más tarde, me encontré en la Composición Musical en la Universidad Nacional de Córdoba. Hoy vivo en Europa, llevando conmigo esa historia.
Me formé en la Universidad Nacional de Córdoba, en diálogo con referentes como Juan Carlos Tolosa y Gabriela Yaya, y también tomando clases con Luz Pérez. Una de las partes más importantes de mi formación es aprender todos los días con los de al lado: colegas que, en la cercanía, se vuelven maestros y referentes fundamentales. Actualmente continúo mi formación en Europa, como parte de un recorrido que sigue abierto.
En paralelo a la composición, desarrollo una práctica sostenida en gestión cultural: realicé conciertos, estrenos de obras, festivales y proyectos con logísticas complejas, donde la organización y lo colectivo forman parte del mismo hacer artístico.
Es al otro a quien le pasan las cosas; yo soy quien hace.
Me llamo Ezequiel Pérez Juncos.
Nací en Córdoba, Argentina. A los seis años tomé el chelo.
Me perdí en bandas de rock adolescentes y, más tarde, me encontré en la Composición Musical en la Universidad Nacional de Córdoba. Hoy vivo en Europa, llevando conmigo esa historia.
Me formé en la Universidad Nacional de Córdoba, en diálogo con referentes como Juan Carlos Tolosa y Gabriela Yaya, y también tomando clases con Luz Pérez. Una de las partes más importantes de mi formación es aprender todos los días con los de al lado: colegas que, en la cercanía, se vuelven maestros y referentes fundamentales. Actualmente continúo mi formación en Europa, como parte de un recorrido que sigue abierto.
En paralelo a la composición, desarrollo una práctica sostenida en gestión cultural: realicé conciertos, estrenos de obras, festivales y proyectos con logísticas complejas, donde la organización y lo colectivo forman parte del mismo hacer artístico.
Yo soy el otro y me demoro en lo otro.
Recuerdo las canchas de barrio, las canciones de Alta Córdoba. Jugaba al fútbol con dos pies izquierdos; en el arco encontré una razón, mi lugar. Ahí apareció la resistencia y, al mismo tiempo, una forma de estar. En el fútbol aprendí algo que todavía me acompaña: la certeza de lo colectivo, la idea de que una acción individual solo cobra sentido dentro de un entramado más amplio.
Amo el cine, la ciencia ficción, la coctelería y lo poético. Aquello que no responde a una lógica estricta y, sin embargo, está ahí. Lo que es porque es. Lo que existe sin necesidad de justificarse. Esa zona inestable donde la identidad no se explica del todo, pero se percibe, vive en tensión y se construye en relación con otros.
Soy quien guarda los rastros del mambo bizarro en la cabeza, quien intenta hacer de ese caos un sentido, aunque no siempre una obra.
Yo me dejo vivir para que Pérez Juncos pueda tramar su música y sus proyectos, y ese oficio, a veces, me justifica. Él insiste en componer, en crear, en cruzar todo con todo, en inventar una tradición propia. Yo lo observo falsear y magnificar, mientras le cedo poco a poco, algo de lo que soy.
Quizá no importe quién escribe estas líneas.
Uno compone y gestiona.
El otro insiste en darle sentido.
Entre ambos, una práctica:
hacer música nueva
y sostener la cultura atentos al presente.